14 de marzo de 2025 * Colombia
Jemima Chica ha enfrentado muchos desafíos en su vida, tanto personales como públicos, luchando contra la estigmatización de su identidad como mujer indígena y líder en una región marcada por la violencia y la desigualdad.
A sus 36 años, la gobernadora del Cabildo Indígena Zenú Tierra Santa en La Apartada, Córdoba, no sólo es conocida por su capacidad de organización y su pasión por el activismo comunitario, sino también por su lucha constante contra las barreras que ha tenido que superar.
“Si hubiera sido un hombre en mi lugar, quizá habrían recibido más apoyo”, dice Jemima, portando un sombrero vueltiao típico de las zonas rurales de Córdoba, y un collar de mostacilla representativa de su pueblo Zenú. “Pero como soy mujer creen que pueden maltratarme, subestimarme o incluso golpearme”.
La Apartada es un pequeño municipio en las sabanas en el sur occidente del departamento de Córdoba de vocación campesina, pesquera, comercial y, en menor grado, minero. Su población está compuesta en su mayoría por migrantes e indígenas de pueblos aledaños y otros departamentos como Antioquia, Sucre y Bolívar.
La sede del cabildo Zenú, en medio del pueblo, es un lugar amplio con una casa y un kiosco construido en madera y palma amarga típica de la región, en una construcción propia de las comunidades indígenas Zenúes con una primera planta y un cobertizo en el segundo piso que se utiliza para guardar semillas y herramientas del campo. Desde ahí Jemima rememora su trayectoria como líder.
Un recorrido desde el liderazgo juvenil
“A mis 22 años comienzo mi liderazgo con los primeros procesos de juventudes del cabildo y participando activamente en la construcción de la política pública de juventud del municipio”, recuerda Jemima. “Posteriormente, empiezo mi formación dentro del Grupo por la Defensa de la Tierra y el Territorio del Departamento de Córdoba (GTTC), donde adquiero conocimientos sobre los derechos de las mujeres, el derecho a la tierra, la soberanía alimentaria, y el cuidado del agua”.
Esos conocimientos le sirvieron para que en 2017, antes de cumplir los 30 años, se convirtiera en la primera mujer en ser elegida vicegobernadora de su cabildo. Ocupó ese cargo durante cuatro años hasta lograr en 2021 ser la primera gobernadora mujer, algo que no ganó fácilmente, pues muchas personas, en su mayoría hombres, deseaban el puesto.
En una región donde el machismo y el patriarcado están profundamente arraigados, Jemima tuvo que luchar más allá de lo político; debió enfrentar una constante subestimación y estigmatización por su género.
Su lucha no sólo se centra en los derechos territoriales y la defensa del agua y la tierra, sino también en el empoderamiento de las mujeres y la creación de oportunidades para los jóvenes y niños indígenas.
“He luchado para que las mujeres de la comunidad tuvieran una atención preferencial, orientando sobre las rutas para acceder a servicios y recursos, mientras participaba activamente en la construcción de la política pública de la mujer en el municipio”, dice Jemima.
Para Emil Césped, una miembro de la comunidad, tener una líder mujer es significante. “Antes no teníamos participación activa. Con Jemima, hemos logrado que todos, desde los niños hasta los ancianos, tengan voz. Además, las mujeres ahora ocupan espacios que antes nos eran negados”, dice.
El impacto del liderazgo de Jemima no es sólo local. Gracias a su capacidad para articularse con organizaciones y redes externas, el Cabildo Zenú Tierra Santa ha podido acceder a proyectos y beneficios que han posibilitado mejoras en infraestructura, la defensa de los derechos territoriales y la creación de programas educativos y culturales para los niños y niñas de la comunidad.
Jemima ha tenido que pagar un alto precio por defender el derecho de las mujeres. Por denunciar a su propio padre, el exgobernador Jorge Aquiles Chica, por violación, ha tenido que soportar agresiones de terceros e incluso de su propia familia.
“Mi familia me dio la espalda por contar la verdad”, cuenta Jemima, mientras sus lágrimas inundan sus ojos cargados de tristeza y desconsuelo.
Liderazgo y estigmatización
Pero esos retos no han frenado a Jemima, quien ha demostrado que su liderazgo está basado en una profunda convicción por el bienestar de su gente y su territorio.
Uno de los logros más destacados de su gestión ha sido la lucha por el reconocimiento legal de la comunidad indígena en el casco urbano, un proceso que ella lideró junto a un grupo de mujeres empoderadas. Este logro no sólo es un triunfo legal, sino también una reivindicación de la identidad de su comunidad frente a una sociedad que históricamente ha ignorado a los pueblos indígenas.
Cindy Padilla, secretaria del cabildo, destaca el papel fundamental de Jemima en la transformación de este. Bajo su liderazgo, el Cabildo Zenú Tierra Santa ha logrado avances significativos, como el reconocimiento institucional y la protección de los derechos de sus miembros. “Jemima ha logrado que nuestra comunidad sea reconocida por el gobierno local, un logro que no habíamos conseguido en décadas” dice Cindy.
Un liderazgo colectivo y comunitario
En el día a día, Jemima reparte su tiempo entre ser madre de cuatro hijos y ser gobernadora del cabildo. La dedicación de Jemima a su comunidad va desde gestionar recursos hasta apoyar emocionalmente a los miembros del cabildo, quienes la ven no sólo como una líder, sino como una figura materna.
Isabel Martínez, quien trabaja en el tema de etnosalud dentro del cabildo, resalta la entrega de Jemima a su comunidad. “No quisiera estar en sus zapatos. Su agenda es agotadora, pero siempre está de pie, luchando por el bienestar de la comunidad”, dice.
Gabriel Ruiz, otro de los miembros del cabildo, expresa su respeto por el liderazgo de Jemima: “Ella es diferente. Desde que asumió como gobernadora, se ha notado un cambio en el cabildo, se siente más seguro y próspero. Antes parecía que el cabildo no avanzaba, pero ahora, con ella, hemos visto que sí es posible el progreso”.
Estigmatización y el futuro de las mujeres líderes
El caso de Jemima invita a reflexionar sobre los retos que enfrentan las mujeres líderes indígenas en Colombia. A lo largo de su carrera, Jemima ha tenido que confrontar barreras institucionales y estructurales, a la par de percepciones negativas que recaen sobre las mujeres en roles de poder.
Sin embargo, su historia es también un testimonio de resiliencia y capacidad para transformar su entorno. A pesar de la violencia, el machismo y la falta de recursos, Jemima ha logrado forjar un liderazgo, todo esto se ha dado por la situación por las que ha pasado y su único deseo es lograr que en Colombia o por lo menos en su comunidad se supere la brecha social y mejore la justicia social, que de un nuevo inicio hacia la transformación a una Colombia más justa y equitativa.
La historia de Jemima Chica es un reflejo de las tensiones y luchas que enfrentan las mujeres indígenas en Colombia, donde el liderazgo femenino aún es visto con recelo en muchos sectores. A pesar de las adversidades, Jemima ha demostrado que el cambio es posible cuando se trabaja desde la convicción y el amor por la comunidad. Con su perseverancia, ha roto barreras y ha abierto camino para futuras generaciones de mujeres líderes.
Jemima ha liderado un cambio en la estructura del cabildo e inspirado a otras mujeres y jóvenes a creer en su capacidad de transformar sus realidades. Esto último lo refleja Cindy Padilla quien se inspira en las luchas y los logros alcanzados por Jemima. “Jemima siempre se apoya en los sabedores ancestrales, escucha sus consejos y, a partir de ahí, toma decisiones que benefician a toda la comunidad”, comenta.
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